¿Por qué se enferma el hombre?
   Dra. Marta Miguel

La enfermedad pertenece a los hechos posibles en la vida del hombre. Llega inesperadamente y así se la considera: algo casual, fortuito, surgido sin propia participación.
En el siglo pasado se buscó la causa del enfermar en tres grandes direcciones: una exterior, con la teoría dela infección; otra interior, en la competencia inmunológica; y la tercera, hacia el pasado en el material heredado y luego en la genética.

La infección atribuye a microorganismos (bacterias, virus, hongos, etc.) por el proceso de contagio, la causa de ciertas enfermedades. Puede decirse que las medidas de higiene y asepsia dieron base firme, en especial al avance de la cirugía; este proceso hubiera sido imposible sin esos recaudos. Es de objetar la lógica desviada que se ha utilizado al no reparar primero en las condiciones de susceptibilidad del organismo que hace propicia la proliferación microbiana. Como dijera Pasteur: “ el germen no es nada, el terreno lo es todo.”

La epidemia de SIDA, en la década del ´80, produjo un viraje del enfoque hacia el interior del organismo humano y su sistema inmunológico. Éste tiene su centro en la sangre, y constituye un “yo biológico”, capaz de reconocer, neutralizar y guardar memoria diferenciando lo propio de lo ajeno.
La competencia inmunológica es hoy punto de mira no sólo en infecciones crónicas, especialmente el cáncer. Es muy importante el siguiente descubrimiento: que este sistema tiene interrelaciones medibles, formando verdaderas redes, no sólo con el sistema nervioso, sino con estados del alma. Situaciones de alarma o tensión con exigencia de la actividad cerebral deprimen la inmunidad. Ejemplos de ello van desde la educación precoz e intelectual de los niños hasta inseguridad o violencia social en adultos. También lo hacen la soledad, temor, desesperanza y situaciones de vida no elaboradas crónicamente sostenidas.

Por último la genética investiga el núcleo celular y sus alteraciones (ADN). El principio en que se basa es el de la modificación de los genes como causa de ciertas enfermedades ( entre ellas el cáncer). Se reducen la vida y la enfermedad a meros fenómenos físicos. Es sugestivo resaltar:1) el que se haya convertido rápidamente en tecnología, esto es conocimiento aplicable (alimentos, clonación); y 2) paralelo con ese enorme avance la escasa información pública que se tiene al respecto sobre los fundamentos y pormenores de estos avances . Se afirma que el conocimiento del genoma humano permitiría un futuro de salud para todos con erradicación de la enfermedad.

¿Qué tienen en común estos tres enfoques? Que nacen de una medicina física y técnica basada en la observación exterior del organismo, en los fenómenos físicamente visibles. Esto ha demandado enormes esfuerzos y recursos. No se pregunta:¿quién ha preparado este suelo propicio?, o ¿quién elige determinado caudal genético? , o ¿quién es capaz de transformar emociones en anticuerpos? Esta concepción supone el hombre como un ser biológico natural en el cual las funciones anímicas superiores serían parte de un complejo “mecanismo” cerebral.

Antroposofía: una ampliación

La Antroposofía reconoce en el hombre además de un cuerpo física, la vida que lo penetra, el alma y el espíritu o Yo. A las funciones vitales de crecimiento, nutrición, reproducción, agrega la actividad del alma ( sensaciones, sentimientos, deseos, impulsos) y la actividad espiritual del pensar. Vida, alma y espíritu son realidades no visibles a los sentidos comunes, pero sí comprensibles por sus efectos a través de un pensamiento sano.

Es fundamental conocer que el desarrollo normal del alma y el espíritu se realiza en procesos opuestos a la vida, que generan desintegración orgánica. La sustancia debe cesar en su actividad para dejar un espacio donde despierta la vida consciente y la conciencia de uno mismo. Este desgaste a la vitalidad es compensado por procesos de autocuración, tal como ocurre durante el sueño. El que la actividad anímico espiritual conciente se interrumpa durante el mismo, debería ser reveladora de que lo espiritual no corresponde a procesos biológicos naturales sino “sobrenaturales”; en caso contrario continuarían sin extinguirse, como ocurre con la respiración o la actividad cardíaca.

Desde esta concepción ampliada del hombre pueden caracterizarse dos formas de enfermar.

Una es aquella en que el sentir como actividad del alma se amplía y profundiza. Tal es el caso en que se siente dolor, desazón. Estando sano los sentimientos quedan más o menos libres en la vida del alma. En la enfermedad el sentir se profundiza, desciende en lo orgánico. Es posible percibir un organismo suprasensible responsables de estas diferencias de actividad, al que se denomina cuerpo astral. Aquí se lo observa sumergido más profundamente en el organismo respecto del estado normal.
También el pensar, como actividad espiritual del Yo humano, tiene una base física a la cual está levemente ligado. Si este vínculo aumenta en intensidad se produce una enfermedad paralítica con atonia o cese de las actividades orgánicas. En este caso la parte afectada deja de ser reconocida como propia, se convierte en algo ajeno (como ocurre en un miembro paralizado y en la insuficiencia de cualquier órgano). Una de las causas de enfermar se debe entonces a una unión exagerada de lo anímico-espiritual con el cuerpo. Aquí los procesos de autocuración – de los que el sueño es un ejemplo – resultan insuficientes. Curar consiste en disminuir la intensidad de ese vínculo.

La segunda forma de enfermar es aquella en que el ser anímico-espiritual no llega a vincularse con el cuerpo físico. Éste entonces, valga la paradoja, intensifica los procesos sanos, aumenta en vitalidad propia. Aparecen congestiones, inflamaciones. La vida conciente se opaca o disminuye (como ocurre durante la fiebre). Es posible percibir la causa de ello en un organismo suprasensible que se denomina cuerpo vital o etérico; en él se basan la vida y la salud. En este caso la curación consiste en un tratamiento adecuado para este cuerpo etérico.

Por lo tanto las verdaderas causas de la enfermedad residen en la esencia de la constitución del hombre. El ser humano es un enfermo; y no sería hombre, es decir, ser de cuerpo, alma y espíritu, si no hubiera de enfermar. Las demás causas son simplemente efectos visibles de esas causas suprasensibles.