Evolución del movimiento en el niño anomalías y terapia

       
        
Dra. Marta Miguel

El movimiento en el niño progresa en dirección céfalo caudal, es decir, nace hacia abajo . Primero la cabeza busca como palpando el pecho materno; luego los ojos "miran" por primera vez, al encontrarse con los del otro ser que los busca, para entrar en contacto. Más tarde son las manos, primero prensoras, las que van en busca de lo otro. Sigue el maravilloso proceso de pruebas y fracasos que culmina con la conquista de la posición de pie, y finalmente el movimiento de avance en la marcha sobre "tierra firme".

En todo este proceso puede verse una gradación desde el automatismo y el movimiento reflejo hasta el movimiento animado e intencional que solo cabe al ser humano. Al cuerpo físico corresponden los automatismos, al organismo vivo las transformaciones de la sustancia corporal, y al organismo sensitivo-motor (cuerpo astral) las pulsiones, instintos y reflejos.

Los automatismos son aquellos movimientos de tipo "máquina"; si se vuelven reiterativos y estereotipados aparecen como "desintegrados" en partes, perdiendo la armonía de conjunto. Es el llamado efecto Zombie: el de un "no-muerto" o una especie de autómata que "funciona" sin alma en el mundo. Puede verse hoy en personas con sobredosis de psicofármacos aunque la actividad habitual continúa, no aparece dirigida desde el centro de la personalidad. Hay niños que manifiestan esto tras haber sido medicados con metilfedinato a causa de su hiperactividad: el ser movidos por algo ajeno a ellos mismos, como desde afuera, des-personalizados y con sensación de irrealidad Esto puede desembocar en verdadera psicosis.

A este movimiento en el espacio se agrega el que consiste en la transformación de sustancias. Es propio del organismo vital o etérico y en el juego de los fluidos corporales da origen al temperamento. E s conocida la lentitud del flemático, la agilidad y variabilidad del sanguíneo, la quietud del melancólico y la impulsividad del colérico. Un temperamento demasiado unilateral a menudo debe corregirse con medidas pedagógicas, dieta, hidroterapia o aún medicamentos equilibrantes.

El movimiento se vuelve experiencia humana en el actuar creador del adulto o en el impulso lúdico de los niños. Un niño medicado con psicofármacos es capaz de aprender en la escuela, pero deja de jugar , es decir pierde una capacidad creadora que sólo está ausente en niños gravemente enfermos.

El desenfreno del movimiento lleva a la agitación, a empezar cosas y no perseverar en ninguna, al apuro e inquietud. En lo social esto hace perder estabilidad en las relaciones, por la necesidad de establecer siempre nuevos contactos. La indolencia y apatía configuran el polo opuesto, en donde parece faltar toda motivación e impulso motriz.

En los "niños difíciles" varias cosas se observan: si el maestro conduce una actividad grupal, ellos prontamente se alejan del rebaño, y buscan su interés propio o deambulan de aquí para allá. ¿Es el Yo del maestro lo suficientemente fuerte como para retenerle junto a él? Desde la clínica convencional se sugiere que estos niños sean mantenidos cerca del maestro, o lo que es lo mismo, de su área de influencia de fuerzas.

Es de experiencia reiterada en el consultorio que estos niños pueden permanecer entretenidos jugando o dibujando, si el médico puede primero serenar a la madre, y segundo desplegar una parte de su atención hacia el niño, sosteniéndolo en su concentración en el juego.

Si el trastorno es mayor se observa un moverse aquí y allá, siendo "encontrado" por las cosas, un tropezar con ellas más que un ir a su encuentro. Otras veces queda sentado, pero la inquietud se traslada a manos que todo tocan o pies que no dejan de moverse.

Es notable que la fluencia verbal se ve comprometida. La expresión puede ser pobre y poco clara, o con perseveraciones (repetición de palabras o frases) En la inquietud maníaca con desenfreno en el movimiento aparece la logorrea o verborragia (niños que no pueden dejar de leer todos los carteles mientras van en auto) Todo ello muestra que la laringe es parte esencial del organismo motor.

El tratamiento del movimiento debe contemplar el cuerpo físico en tanto sistema de nutrición y por consiguiente puede ser abordado con la alimentación.

El aspecto vital con el arte del movimiento o euritmia. Fue creada por Rudolf Steiner quien contempló una rama terapéutica de la misma. La figura humana es el instrumento para un lenguaje "visible". El origen común del hombre con el universo permite comprender cómo a través de movimientos es posible reinsertar lo anómalo en la armonía del conjunto, pues los mismos gestos creadores se encuentran en la naturaleza y el ser humano.

Los medicamentos deben "apaciguar"el cuerpo astral. En este sentido los metales vegetabilizados propios de la farmacopea antroposófica son ideales por su suavidad y eficacia. A la movilidad mercurial puede agregarse el hierro como verdadero mercurio.

La Organización del Yo es patrimonio de los minerales: el zinc fue señalado por R. Steiner como la sustancia que "es al sistema nervioso como el hierro lo es a la sangre". En este caso el movimiento es un signo de debilidad del sistema nervioso, que se libera de la intencionalidad que puede imprimirle el Yo. El calcio es siempre de efecto tranquilizante y sedativo, y la sílice puede aportar confianza en sí mismo a partir de una configuración física indemne.

Por último, el adulto, padre, familiar, terapeuta o educador siempre obra a través de su propia autoeducación, haciéndose imitable por el niño, como autoridad o guía afectuoso según la etapa evolutiva.

transgenicos.htm